3.8.10

La euroescéptica Islandia empieza su adhesión a la UE para entrar en el euro

Cuando el ministro de Exteriores islandés llegó el domingo por la noche a Bruselas, un asistente de la Comisión Europea le preguntó: "¿Ha tenido retraso el vuelo?". El islandés, un orondo cincuentón con barba de gnomo, respondió, "no, pero llegamos diez años tarde".

El ministro, Össur Skarphedinsson, tiene ahora que convencer a su escéptica población de que la pertenencia a la UE, y al euro, habría evitado el colapso de todo el sistema bancario de la pequeña isla y que las concesiones que tengan que hacer en la pesca, la caza de ballenas o las compensaciones a los inversores británicos o holandeses por la bancarrota de los fondos islandeses valdrán la pena.

Islandia y los Veintisiete celebraron el martes su primera sesión de charlas para una adhesión, que, de momento, no es popular entre la mayoría de los islandeses, cuyo "sí" en referéndum es indispensable para entrar en la UE.
El comisario de Ampliación, Stefen Füle, reconoció su "preocupación" por la falta de apoyo de la opinión pública y pidió a Reikiavik que haga un esfuerzo de comunicación para que la imagen de la UE esté "basada en datos y cifras, no en mitos y miedos". La Comisión Europea se ofrece a ayudar con información al Gobierno islandés, cuyo principal argumento es la estabilidad que el país conseguirá si entra en el euro después de unirse al club de los Veintisiete.

Según la última encuesta de Gallup, el 60% de los islandeses están en contra de la adhesión a la UE, mientras el 26% la apoyan y el resto no tienen opinión al respecto. Una negativa de los islandeses no sería la primera para la UE, que ya sufrió ese desplante dos veces por parte de los noruegos, que votaron "no" en 1972 y 1994.

Skarphedinsson trató de quitarle importancia al desinterés islandés y lo atribuyó exclusivamente a la crisis y la "sensación de que la UE ha tomado partido" contra Islandia en el conflicto del país con Reino Unido y Países Bajos, cuyos ciudadanos invirtieron en los fondos islandeses Icesave, que quebraron en 2008. El ministro aseguró ser "muy optimista" sobre el cambio de opinión popular, sobre todo si Islandia obtiene "un buen trato" que limite al máximo las incursiones de los pescadores españoles y otros europeos en sus aguas. El ministro recordó que Islandia es "probablemente" el país de la tierra cuya economía depende más de la pesca y pidió a los vecinos de la UE que sean "creativos".

Los apartados financieros, pesqueros y medioambientales –incluida la caza de ballenas, que la mayoría de la UE repudia- serán los más complicados de abrir y cerrar con éxito. El resto de los capítulos de la negociación serán rápidos, ya que Islandia pertenece al Espacio Económico Europeo y la mayoría de su legislación ya está adaptada a las directivas comunitarias. "Islandia y la UE llevan cuarenta años cooperando muy intensamente", recordó el ministro belga de Exteriores, que presidía la reunión y quien se mostró muy entusiasta en "un día de alegría".

Se espera que Islandia esté preparada para entrar en la Unión en un par de años. Su aceptación posterior en el euro pasará por una limpieza de sus finanzas. Tras la quiebra, el Gobierno lucha ahora contra un déficit del 9,3% y una deuda pública de más del 100% del PIB (para entrar en la moneda única, su déficit debe estar por debajo del 3% y su deuda debe rondar el 60).

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