18.10.10

La investigadora del ICB, Julieta Martino, en el Golfo de México

El 20 de Abril de este año la plataforma petrolera Deepwater Horizon, ubicada en el Golfo de México y arrendada a la empresa British Petroleum (BP), sufrió una explosión y posterior incendio que causaron su hundimiento y uno de los derrames de petróleo más grandes en la historia de la humanidad. El derrame pudo contenerse parcialmente casi tres meses después, el 15 de Julio. El 19 de Septiembre el gobierno de los EEUU lo declaró permanentemente sellado. Se estima que aproximadamente 4.9 millones de barriles de petróleo fueron derramados al mar, de los cuales solo 800.000 pudieron ser capturados. 

 Soy investigadora del ICB, y desde hace tres años realizo mi doctorado en la University of Southern Maine, en el Laboratorio de Genética Toxicológica y Ambiental a cargo del Dr. John Wise. El laboratorio colabora con el Ocean Alliance/Whale Conservation Institute (OA/WCI), cuyo velero de investigación Odyssey fue llevado al Golfo de México para recolectar, entre otras, biopsias de piel de ballenas. Como estudiante del laboratorio tuve la oportunidad de participar en uno de los tramos del viaje hacia el Golfo, frente a las costas de Alabama. El Odyssey es un velero de 28 metros de largo cuyo equipo estaba formado por el capitán y dos oficiales, un cocinero, el investigador a cargo y cinco alumnos de grado y postgrado.

 Los días en alta mar eran, por sobre todo, largos y calurosos. Dependiendo del clima uno también podía encontrarse en diversos estados de mareo y descompostura. Desde las 6 de la mañana hasta las 6 de la tarde nos ubicábamos en las plataformas del velero para buscar soplidos de cachalotes, ayudados además por una matriz de hidrófonos que nos permitía escuchar los ‘clicks’ que hacen los animales cuando ecolocalizan. Se estima que el Golfo de México tiene una población de 1600 cachalotes.

Cuando se avistan ballenas, cada persona a bordo tiene una tarea específica. En pocos minutos hay que mantener la visual en los animales (que pasan la mayor parte del tiempo bajo el agua), tomar la muestra de piel, sacar fotos de las aletas dorsal y caudal para identificar al individuo, y procesar la muestra. Cada biopsia se divide en tres partes, que se utilizan para realizar análisis genéticos que permiten identificar, entre otras cosas, el sexo del animal; analizar metales, compuestos derivados de petróleo y dispersantes químicos; y generar líneas celulares (es decir, reproducir las células de piel en el laboratorio). Esto último se realiza a bordo con las células aun vivas, y luego, los cultivos celulares son enviados al laboratorio en tierra para ser expuestos a los dispersantes químicos utilizados por BP, para evaluar potenciales efectos tóxicos en el material genético de los animales.

Además de ballenas, en ocasiones es posible avistar otra fauna marina. En este tramo encontramos delfines nariz de botella y de dientes rugosos, cardúmenes de atún y tortugas laúd. Desde el aire nos acompañaban gaviotines, libélulas (si… libélulas!), alguno que otro pajarito de tierra traído por los vientos y muchos pelícanos, siempre alimentándose de los descartes pesqueros. No puedo dejar de mencionar que los amaneceres y atardeceres eran otra de las atracciones diarias. Y si el cielo estaba sin nubes… también las estrellas y constelaciones. Fue la primera vez que pude ver la constelación de Casiopea, la cual le da nombre a una de las ballenas de nuestro Programa de Adopción, cuyas marcas en el lomo se asemejan a esta constelación.

 El Golfo de México es muy activo en plataformas petroleras y en la noche cuando oscurecía y prendían sus luces llegábamos a contar hasta 50 en nuestra cercanía. Nunca nos sentimos solos. En cualquier posición siempre nos encontrábamos rodeados de las plataformas. Las enormes cantidades de basura que nos cruzamos en nuestro trayecto me recordaban también la presencia humana. Las algas marinas muertas se juntan en la superficie y van enredándose con todo lo que encuentran a su paso... cepillos de dientes, botellas, bolsas, latas, telgopor y toda la basura que el río Mississippi arrastra hacia el Golfo.

Una depresión tropical y huracán que se estaban formando en el Atlántico lograron que los vientos en el área alcancen los 25 nudos (unos 46 km por hora). En esas condiciones es casi imposible avistar los cachalotes y trabajar de manera segura en las plataformas, por lo que regresamos al puerto de Bayou Le Batre, en Alabama. Para aquellos aficionados al cine, es el lugar en donde Forrest Gump tuvo su empresa pesquera de camarones. Es un pueblo extremadamente humilde que vive de la pesca, y fue afectado por el huracán Katrina. Ahora además es el lugar que BP eligió como base para hacer la limpieza (superficial) en la zona del derrame. Los pobladores nos contaban que unos 500 barcos salían a diario a hacer estas tareas. Cuando estuve allí, no quedaban más que los restos de semejante “circo”. Al ver esto, comprendí que tanto para esta empresa como para buena parte del gobierno la tarea ya estaba lista y finalizada. Cuando para nosotros esto es una catástrofe que recién empieza y lo que vemos es sólo la punta del iceberg.

Luego de mi experiencia en el Golfo me fui con un sabor agridulce... por un lado con la imagen de las ballenas y delfines y la belleza de la vida marina en general… y por el otro, con el de la basura, la pobreza, la avaricia humana. Me recordé a mí misma por qué me uní al Instituto de Conservación de Ballenas hace 6 años y por qué estoy estudiando toxicología. Y me propuse seguir aportando mi granito de arena a través de mi profesión, comprometiéndome también en mi vida diaria con la causa de la conservación de las ballenas y la preservación del mar.

Los invito a todos a contribuir con el suyo también.

Julieta Martino, estudiante de Doctorado e Investigadora del ICB
Desde Maine, Estados Unidos. 

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